Hace 131 años nació el cubano José Raúl Capablanca

Dos bocones enmudecen ante el genio

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Hace 131 años nació el cubano José Raúl Capablanca

En el mundo del ajedrez abundan los ejemplos de altanería frente a rivales supuestamente débiles, pero con el paso de los años suelen borrarse de la memoria. Sin embargo, hay uno que, a más de 100 años de ocurrido, se le recuerda con gran nitidez. Involucró a dos figuras consagradas que se alinearon contra un jugador no tan conocido, pero que llevaba la chispa del genio.

 A principios de 1911, el fuerte jugador Jacques Mieses anunció que estaba organizando, para febrero y marzo, el Torneo Internacional de San Sebastián, España, que resultó uno de los más fuertes de la historia. El organizador invitó a los 17 jugadores más fuertes del mundo en aquella época, de los cuales 15 aceptaron.

A última hora fue invitado el cubano José Raúl Capablanca y Graupera, quien nació en un día como hoy, 19 de noviembre, pero de 1888. Como el antillano no tenía mucho cartel, pese a que tres años antes aplastó en un match al campeón de Estados Unidos, Frank Marshall, se sometió a consulta su participación.

No hubo objeción alguna más que de Ossip Bernstein y Aaron Nimzovitch, quienes argumentaron que la presencia del americano era una ofensa al prestigio de los demás combatientes. Tras argumentar que la abultada victoria del cubano sobre Marshall equivalía a un triunfo internacional, Mieses respetó la opinión de la gran mayoría y Capablanca fue incluido.

Lo que sucedió después fue una monumental lección de humildad para los fanfarrones.

Ironías del destino. El primer rival del cubano fue su más tenaz crítico, Bernstein, a quien Capablanca venció con blancas en 35 movimientos de una partida que, para mayor humillación de Ossip, ganó el Premio de Brillantez. Más que contundente, fue una manera poética de hacer que enmudeciera un gran bocón.

No fue el único que calló ante la genialidad del isleño. También corrió igual suerte el gran Nimzovitch, pero no antes de irse de la lengua aún más. En los primeros días del torneo, Aaron y  Bernstein  jugaban partidas rápidas y Capablanca hizo un comentario sobre ciertos movimientos, ante lo cual el autor de “Mi Sistema” lo reprendió diciéndole que no debía interferir en sus juegos, pues ellos eran maestros de prestigio y él no.

Según relata el propio cubano en su libro “My chess career”, retó entonces a Nimzovitch a jugar partidas informales de ajedrez rápido y “gané con ridícula facilidad”. Ante la demostrada superioridad del isleño, Aaron, que además perdió contra Capa en la octava ronda de la competencia, se retractó de lo que había dicho.

Después de coronarse en el evento de San Sebastián, José Raúl Capablanca saltó a la fama y ya nadie en el universo escaqueado podía decir que no lo conocía, so pena hacer el ridículo. El oriundo de la Mayor de las Antillas se convirtió en 1921 en el tercer campeón mundial, un título que no consiguió antes sólo por las maniobras evasivas a las que en forma descarada recurrió su predecesor, Emmanuel Lasker.

Muy pocas cosas nuevas se pueden decir ahora de “Capa”, pues demasiados libros, de diversos autores, editoriales e idiomas, le han consagrado generoso espacio a sus hazañas, pero nunca está de más enfatizar que fue el más elevado exponente del arte de los finales. El isleño ganaba con asombrosa facilidad posiciones que muchos de los más consagrados maestros no podían.

En buena parte eso se debía a que el ajedrez era el idioma materno de José Raúl, quien aprendió a mover los trebejos a los tiernos cuatro años de edad, mientras veía jugar a su padre.

El cubano, que ganó entre otros los torneos de Londres 1922 y Nueva York 1927, perdió ese año la corona universal a manos del ruso-francés Alexander Alekhine, que nunca quiso darle la revancha, a pesar de las frecuentes victorias de Capablanca en fuertes competencias.

José Raúl murió el 8 de marzo de 1942, pocas horas después de que en el club de ajedrez de Manhattan, en Nueva York, sufriera un derrame cerebral masivo cuando veía el desarrollo de una partida.

Entre muchas hazañas que logró, hay una en especial que se antoja imposible de romper algún día. Durante más de ocho años permaneció invicto, desde el 10 de febrero de 1916 hasta el 21 de marzo de 1924. No son pocos los que lo consideran el mejor ajedrecista de todos los tiempos.

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