Entre ovnis, alfiles y dinosaurios

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Kazantzev, ufólogo, héroe de guerra y compositor de finales

Es más conocido entre los amantes de la ciencia ficción que entre los ajedrecistas, algo injusto, pues fue un genial compositor de finales artísticos. Como quiera que sea, con el paso del tiempo es mayor el reconocimiento que el universo cuadriculado le da al soviético Alexander Petrovich Kazantsev, autor de más de 130 estudios.

Una de las razones de que su popularidad ajedrecística no alcance los niveles que se merece es que sus creaciones son en buena parte de una profundidad que incomoda a los principiantes, pero el placer y las enseñanzas que sus ideas aportan a la afición son inolvidables.

Kazantzev, quien nació el 2 de septiembre de 1906 en Kazajistán, incluso ideó composiciones conjuntamente con otros grandes en la materia, como Guenrij Kasparián, otro autor de finales de elevada dificultad, además de Ernest Pogosiants, Mark Liburkin, Alexander Kuznetsov y S. Sajarov.

En 1975, la Comisión Permanente de la FIDE Para Composiciones de Ajedrez le otorgó el título de Maestro Internacional de Composición. Una jerarquía que apenas le hace justicia a las maniobras asombrosas que caracterizaban sus obras, culminadas con aleccionadores chispazos de creatividad.

Desde muy joven, en la cabeza de este escritor, inventor y héroe de guerra se arremolinaban imágenes de ovnis, extraterrestres, dinosaurios y trebejos. A lo largo de sus 96 años, fue autor de libros muy conocidos por ufólogos y aficionados a la ciencia ficción e incluso algunas de sus obras, como “El planeta de las tormentas”, fueron llevada al cine.

Entre muchos otros libros suyos en ese tema están: “El marciano”, “El mensajero del cosmos”, “Sueño polar”, “Isla ardiente”, “Más fuerte que el tiempo”, “El regreso de los glaciares”, “La destrucción de Faena”, “La línea punteada de recuerdos”, “La cúpula de la esperanza” y “Explosión”.

En esta última obra expone una teoría muy polémica: la de que la famosa explosión que hubo en 1908 en una zona muy poco poblada de Siberia, equivalente a entre tres y 30 megatones según cálculos, no se debió a la caída de un meteorito, que es la versión oficial, sino a un accidente de una nave extraterrestre. El caso es que ese incidente devastó 2,000 kilómetros cuadrados de taiga y arrasó con 80 millones de árboles.

Graduado en Física en la Universidad Politécnica de Tomsk, Alexander Petrovich laboró en el Instituto de Investigación Soviética de Electromecánica y, como millones de sus compatriotas, se alistó en el ejército en 1941 para enfrentarse a los invasores nazis durante la Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia a la Segunda Guerra Mundial.

A la caída de Hitler en 1945,  dejó las fuerzas armadas con el rango de coronel, tras recibir varias condecoraciones por su heroísmo. No está de más decir que en los pocos descansos que le permitían las arremetidas nazis, se daba tiempo de pensar en alguna composición artística, que resultaban catársicas en medio de las tribulaciones.

Este gran compositor de finales, escritor y héroe de guerra murió en Rusia el 13 de septiembre del 2002.

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