La artista plástica del ajedrez en México

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Sara Lourdes López Godoy, pintora, escultora, coleccionista y jugadora

Sara Lourdes López Godoy, pintora, escultora, coleccionista y jugadora

El idioma de las nubes tiene cierto parecido con el de la pintora Sara Lourdes López Godoy. La artista plástica yucateca, quizá la mujer con más influencia en el ajedrez de todo México, suele guardar largos silencios en el mundo de las 64 casillas, pero cuando pinta, truena.

Y no nos referimos precisamente al óleo intitulado “Tormenta de ideas”, toda una explosión de policromía, con relámpagos incluidos. Todos sus cuadros conllevan un atronador homenaje a ese juego, deporte, arte y ciencia que la cautivó desde su infancia. 

Cada una de sus múltiples obras con temas ajedrecísticos dan literalmente la vuelta al mundo en esta época de avances tecnológicos en la que una imagen llamativa se reproduce y multiplica, vía redes sociales, por todo el planeta.

Con los trazos de sus pinceles, que plasman en el lienzo sus interpretaciones oníricas sobre diversas facetas del reino de Caissa, Sara Lourdes motiva a los combatientes del tablero de todas las edades, pero principalmente a los niños, a quienes ha dedicado muchas de sus obras.

Y la inspiración ha hecho que en estos días la peninsular se sobreponga a su resquebrajada salud para retomar la paleta y dar comienzo a un nuevo cuadro cuyo tema prefiere no revelar por el momento, pero que estará claramente vinculado con el juego ciencia de Yucatán.

Muchos en Yucatán quizá nunca la han visto sentada frente a la palestra cuadriculada, pues suele ausentarse de los torneos, incluso durante años por motivos de salud, pero la mayoría ha admirado en diversas sedes de importantes competencias sus cuadros al óleo, sus trebejos gigantes y sus policromos tableros murales.

Buena parte de sus obras están bajo resguardo en la “Casa del Ajedrez”, como se conoce a la céntrica Plaza Diamante, de donde se han trasladado a los más emblemáticas centros culturales de Mérida y otras ciudades, incluso en eventos nacionales e internacionales.

De Sara Lourdes, quien además es jugadora, coleccionista, fotógrafa, promotora de competencias con un tono cultural y dirigente (es presidenta de la agrupación Arte-Ajedrez), se ha hablado antes en Yucatán, pero es un tema hacerlo de nuevo en estos primeros pasos de Ajedrez Noticias.

En la “Casa del Ajedrez”, como se le conoce al centro comercial Plaza Diamante  (calle 62 x 63, contra esquina del Zócalo de Mérida), no hay evento ajedrecístico que no esté enmarcado por alguna o varias de las obras de la artista plástica peninsular, que durante todo el año, pero sobre durante el torneo internacional “Carlos Torre Repetto In Memóriam”, son un atractivo para jugadores foráneos o simples turistas.

Son cientos o quizá miles las fotos o selfies que gente de diversas partes de la República o de otros países se han tomado con los cuadros de Sara Lourdes como telón de fondo. Los pequeños no pueden resistir la tentación de posar junto a alguna de las seis piezas del ajedrez a las que la yucateca ha caricaturizado.

En el club “Bobby Fischer”, en la planta alta de la “Casa del Ajedrez”, son dos las obras que más cautivan a niños y adultos: “Peonito” y “Torrecita”, personajes de tiernos e infantiles rostros. El primero recrea a la pieza que al principio es la más humilde y esforzada, pero que el inmortal Filidor la señalara acertadamente como “el alma del ajedrez”.

De hecho, si el peón logra llegar a la primera línea del ejército contrario puede convertirse en la pieza más poderosa sobre la liza bicolor. Una metamorfosis que simboliza la esperanza de una recompensa al esfuerzo.

El segundo óleo, en el que destaca el tono rojo, refleja a la artillería pesada que sobre el campo de batalla de las ideas se enseñorea en filas y columnas abiertas, donde causa demoliciones en las fuerzas contrarias.

No se queda muy atrás “Alfilemón”, el señor de las diagonales, quien con espejuelos y azulada indumentaria vomita fuego por las líneas inclinadas de la palestra cuadriculada en la que, como señalara Jorge Luis Borges en inmortal poema, “se odian dos colores”.

“Cuaco”, que representa al caballo, cuyos movimientos son los más difíciles de aprender por los niños, está en rehabilitación en el hogar de la artista plástica, pues un descuido hizo que se mojara una parte del lienzo.

Sin embargo, están “Reynaldo” y “Damiana”, que personifican al soberano, cuya captura es el objetivo del rival, y la dama, la pieza más poderosa sobre la arena cerebral, cuyos desplazamientos suelen causar estragos en las filas adversarias.

En el genial GM Torre se inspiró la artista para dos de sus obras más emblemáticas. Una es “El rey magnetizado”, que es su concepción sobre famosa partida que el mexicano le ganó con negras al francés Dupré en Nueva York en la década de los veinte del siglo pasado. En ese encuentro, tan brillante que le pusieron nombre, Torre atrajo al monarca contrario al centro del tablero a base  de una serie de sacrificios, iniciado con la entrega de la propia dama, y le dio mate con un peón.

El otro óleo reproduce la efigie de Torre, de la cual emana una vorágine de volátiles trebejos, la concepción onírica de Sara Lourdes sobre el mejor ajedrecista mexicano de la historia.

Son varios privilegiados que poseen un óleo de Sara Lourdes, “Sarita”, como la conocen parientes y amigos. Desde Grandes Maestros y Maestros Internacionales hasta campeones estatales o infantiles se han ganado, tras tórridas batallas mentales, algún cuadro que ella dona para eventos con de impulsar la milenaria disciplina.

Dos de los Grandes Maestros que se han llevado a su hogar un cuadro de Sarita son el estadounidense Alexander Onischuk, quien lo ganó en un “Carlos Torre”, y el cubano-mexicano Juan Carlos González Zamora. También tienen el suyo la Maestra Internacional Diana Carime Real Pereyra, el 12 veces monarca estatal José Enrique Alayola Montañez y el actual campeón, Gonzalo Alberto Navarrete Méndez.

En Yucatán, Sara Lourdes sola ha hecho mucho más que la Secretaría de Educación Pública (SEP) para promover el juego de sus amores. Y no sólo cuadros: también ha pintado decenas de coloridos tableros artesanales para obsequiar a competidores.

En esta última labor la ha acompañado la directora del club “Bobby Fischer”, la licenciada en Enfermería Concepción Godínez Bautista, con quien hace unos años realizó trascendental, inolvidable campaña de promoción ajedrecística en todas las escuelas secundarias federales de Mérida, donde donaron esos tableros.

Y lo hicieron todo gratis, costeando entre ambas todo el material.  Una muestra de desprendimiento y entusiasmo que contrasta, como el blanco y el negro de la liza bicolor, con la apatía y el egoísmo de algunos dirigentes sedientos de protagonismo.

La sorpresa que causa ver tan prolífica producción ajedrecística de la yucateca es mayor cuando uno se entera que desde muy pequeña sufrió una enfermedad que le afectó la glándula tiroides, pero no su creativo cerebro. Una mujer que es todo un ejemplo de vida esta Sara Lourdes.

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