Kasparov y Karpov

Las grandes rivalidades

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Labourdonais y McDonell jugaron un mega-match de 85 partidas

Cuando se habla de grandes rivalidades, la mayoría de los ajedrecistas rememora a los rusos Anatoly Karpov y Gary Kasparov, cuyo primer match se suspendió sin ganador oficial después de 48 épicas batallas.

Pero ni fue el más largo enfrentamiento por la supremacía ajedrecística ni sus protagonistas fueron enconados enemigos más que sobre el tablero. Hubo inevitable celo profesional, pero más bien se admiraban mutuamente, aunque les fuera difícil expresarlo.

El primer y más prolongado choque para dirimir quién era mejor tuvo lugar en Londres entre junio y octubre de 1834. Lo sostuvieron Louis Labourdonais y Alexander McDonell, campeones de Francia y Gran Bretaña, respectivamente. Tras seis pequeños matches y un total de 85 partidas, se impuso el galo con un marcador de 45 victorias, 13 empates y 27 derrotas.

Cierto que oficialmente no ha sido la serie campeonil de mayor duración, pues aún no se había instituido el campeonato mundial, pero para sus contemporáneos fue un auténtico choque por el título universal.

En cuanto a encono, difícilmente puede hallarse uno mayor que el que le tuvo el alemán Siegbert Tarrasch a su compatriota Emmanuel Lasker. Ambos pactaron un duelo por la corona en 1904, pero el retador sufrió un accidente al resbalar en hielo y quedó físicamente resentido, por lo que le pidió al poseedor del título que postergaran su enfrentamiento, a lo que este se negó y el duelo se invalidó.

Tuvieron que pasar cuatro largos años y penosas gestiones para que el choque por fin se hiciera. La aversión de Tarrasch, que nunca perdonó a Lasker, era tal que antes de su choque campeonil los organizadores acordaron una reunión entre ambos para limar asperezas.

Siegbert, quien nació en Polonia e hizo su carrera en Alemania, abrió la puerta del salón en que estaba el monarca y le espetó secamente: “A usted, señor Lasker, sólo tengo que decirle dos palabras: jaque mate”. Ese odio visceral quizá influyó en el resultado, que favoreció claramente al campeón con tanteo de 8 victorias, tres reveses y cinco tablas.

Sumados los encuentros de los cinco matches campeoniles que jugaron Karpov y Kasparov, entonces sí que poseen maratónica marca, pues disputaron en total 144 partidas. A las 48 de su primera serie, que comenzó en 1984 y terminó en 1985, se le agregan las 24 de su segunda serie (1985), las 24 de la revancha en 1986, las 24 del choque de Sevilla 1987 y las otras 24 de su último match, en 1990.

Otra gran rivalidad ajedrecística fue la que tuvieron el ruso francés Alexander Alekhine y el cubano José Raúl Capablanca y Graupera, quienes sostuvieron 34 partidas en su famoso encuentro de 1927 en Buenos Aires, en el que el antillano perdió su cetro por 6-3 y 25 tablas. El europeo nunca quiso darle el desquite a su temido adversario.

Con una actitud más caballerosa, los soviéticos Mikhail Botvinnik y Vasily Smyslov disputaron 69 partidas con el título en juego a lo largo de tres series. El match inicial, en 1954, constó de 24 juegos y, al quedar empatado 12-12, el primero retuvo el cetro. Tres años después, en 22 partidas, Smyslov ganó el título por 12.5 puntos a 9.5 y en la revancha Botvinnik volvió a reinar al vencer en 23 combates con tanteo de 12.5 a 10.5. Tiempo después, Vasily declaró: “Creo que llevo toda la vida enfrentándome a Botvinnik.

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