Anish Giri, Teimour Rádjabov,, Ulf Andersson, Tigrán Petro, Karl Schlechter y Anatoly Kárpov

Artistas de la defensa

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Los ajedrecistas más sólidos de la historia

El holandés Anish Giri y el azerí Teimour Rádjabov, los mejores exponentes del arte de la defensa en la actualidad, han recibido muchas veces un trato injusto de los cronistas. Igual suerte corrieron antes el sueco Ulf Andersson, el armenio Tigrán Petrosián y el austriaco Karl Schlechter.

El dominio de los finales es inherente al estilo posicional que caracteriza al juego sólido como la roca que muestran esos grandes ajedrecistas, lo mismo que los rusos Anatoly Kárpov, Vasily Smyslov y Vladímir Krámnik, el húngaro Peter Leko y el israelí Boris Gelfand.

Hay muchos más grandes maestros que gustan de las finas maniobras posicionales y la profilaxis, antes que las demostraciones de fuegos artificiales que con frecuencia hacen surgir el fuego en el tablero, pero los ya mencionados pueden ser considerados en el top ten de la historia.

En cuanto al genial cubano José Raúl Capablanca, que también era un grande del juego posicional y de los finales, hay que subrayar que no era precisamente un jugador defensivo.

La incomprensión que resienten los estetas de la defensa no es culpa sólo de los aficionados. Más bien la causa hay que buscarla en los gustos inculcados por los entrenadores y cronistas que privilegian la espectacularidad de los sacrificios.

Ese defecto en la formación se nota más que nada en el juego ciencia, pues en otros deportes, como el boxeo, hay muchos narradores que relatan con amenidad los alardes defensivos. En el béisbol, los locutores hablan de un toque de pelota en el momento justo con tanta emoción como si fuera un jonrón con el diamante lleno de corredores.

En el balompié, la actividad deportiva más extendida en el mundo, también se le da a un pase valioso la importancia que se merece. No necesariamente tiene que culminar el avance en un gol al mejor estilo de Messi. Ahí se sabe aquilatar la importancia del juego defensivo.

Todo lo contrario sucede en el universo de los 64 escaques. Para corroborarlo, basta revisar la bibliografía ajedrecística de cualquier ápoca. Uno encuentra fácilmente libros sobre los mejores jugadores de ataque, las combinaciones más fulminantes o las mini-partidas más cortas.

Pero trate de hallar algún volumen que hable de los artistas de la defensa y le sobrarán dedos en la mano para contarlos. Eso si es que encuentra alguno. ¿Si o no? Ahí empieza el problema de no apreciar el ingenio y la belleza de las maniobras defensivas.

Es necesario que los cronistas de ajedrez renuncien al confort de los relatos incendiarios, que con frecuencia hacen recordar episodios policiacos, y se esfuercen por entender la grandeza de los lances defensivos para que puedan fomentar el gusto por el estilo posicional.

Sólo así se podrán comprender a cabalidad por qué Anish Giri está disputando ahora mismo la final del “Chessable Masters” al campeón mundial noruego Magnus Carlsen o por qué Rádjabov ganó un lugar en el Torneo de Candidatos, al que renunció por la pandemia del Covid 19.

Hay que darle mayor importancia a las maravillas del arte defensivo, el juego posicional y las exquisiteces en las maniobras de finales.

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