Vera Francevna Mencikova

Los nazis mataron a la primera campeona

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Vera Menchik murió en Londres en un bombardeo

Vera Menchik, una rusa que nació en Moscú, de padre checoslovaco y madre británica, no sólo fue la primera campeona mundial de ajedrez, desde 1927 hasta su muerte en 1944, sino también la primera gran figura del juego ciencia que cayó ante el fuego asesino de las balas y bombas nazis.

En realidad, miles de ajedrecistas compatriotas suyos, varios de ellos famosos jugadores, compositores de problemas y de finales artísticos, cayeron víctimas del genocidio del Tercer Reich durante su invasión a la extinta Unión Soviética. Por alguna razón, de eso se habla muy poco en los medios de difusión de Occidente.

Asentada en el Registro Civil moscovita como Vera Francevna Mencikova, la rusa nació el 16 de febrero de 1906 y aprendió a jugar a los nueve años de edad. Cuando era quinceañera, se trasladó con su familia a Inglaterra, donde conquistó su primer gran triunfo al ganar el Campeonato Británico.

Al término de la Primera Guerra Mundial, Geza Maroczy, gran maestro de Hungría, se convirtió en su entrenador, lo que potenció su genio. Sus enseñanzas se reflejaron en su estilo posicional, que le dio tantas victorias.

Cuando la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) organizó en 1927 el Primer Campeonato Mundial Femenino, Vera, quien jugó como soviética, se coronó con una facilidad abrumadora, con 10 victorias y un empate en 11 rondas.

De hecho, de un total de 83 batallas que sostuvo a lo largo de siete campeonatos mundiales, Vera sólo perdió una partida. Ganó de manera holgada los seis eventos en que expuso su corona: Hamburgo 1930, Praga 1931, Folkestone 1933, Varsovia 1935, Estocolmo 1937 y Buenos Aires 1939. Sus cinco primeras defensas las hizo como checoslovaca y la última como británica, tras casarse con el inglés Rufus Henry Stevenson, organizador de torneos de ajedrez.

En 1929, un machista irredento, Albert Berger, indignado porque en el torneo de Karlsbad participaría Vera junto a repuntados maestros, intentó sabotear su presencia y, al no lograrlo, propuso que se formara un club con el nombre de la mujer y que estaría integrado por quienes perdieran frente a ella.

Ironías del destino. La lista se estrenó con el nombre de Berger, un bocón más que se traga sus palabras frente al talento femenino. Al cabo de los años, esa nómina se hizo bastante larga. Otro de los nombres en la lista se le agregó en 1942, cuando la jugadora sostuvo un match contra el germano-inglés Jacques Mieses, a quien superó ampliamente con un marcador de 6.5 a 3.5 puntos.

Sin embargo, el resultado no se hizo público para no herir los sentimientos de tan reputado maestro, pues perder frente a una mujer, era algo punto menos que deshonroso para muchos, sin importar que la rival se llamara Vera Menchik, que igualmente doblegó en dos ocasiones al holandés Max Euwe, quien llegó a ser monarca universal.

En cambio, un grande entre los grandes, el ex campeón mundial José Raúl Capablanca y Graupera, subrayó en su momento que la rusa-checa-británica “es la única mujer que juega como los hombres”.

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